La fotografía fue, desde sus inicios hace casi dos siglos, un espacio de juego e imaginación. Mucho antes de que la cámara llegara a todos los hogares, retratarse podía significar vivir por unos instantes la ilusión de volar, navegar o habitar un palacio. A principios del siglo XX, esta fantasía se popularizó gracias a los "minuteros", fotógrafos y fotógrafas ambulantes que recorrían pueblos y fiestas mayores con cámaras artesanales, fondos pintados y pequeños elementos de atrezzo. Las imágenes, reveladas "al minuto" y a la vista de todo el mundo, eran accesibles y perduraron hasta los años sesenta, cuando la fotografía doméstica se generalizó. Esta exposición recupera y recrea algunas de las fotografías conservadas por el Museu Marítim de Barcelona, invitando al público a seguir jugando con la imagen a través de los dispositivos móviles actuales.